Para Vanesa, Belén y Marta, el asfalto significa mucho más que un camino nuevo: es poder trasladarse sin miedo a quedar encajadas, llegar a Viedma con mayor tranquilidad y trabajar sin que el barro se convierta en un obstáculo. Las tres vecinas conocen de cerca las dificultades que durante años condicionaron cada recorrido y hoy empiezan a imaginar una realidad diferente.
La pavimentación del acceso también marca un hito para Río Negro: es la primera obra que la Provincia inaugura con fondos del bono VMOS, obtenidos a partir del acuerdo logrado por Weretilneck con las empresas que integran el proyecto Vaca Muerta Oil Sur. De esta manera, los recursos vinculados al desarrollo energético se traducen en infraestructura que mejora la vida de las comunidades rionegrinas.
“Antes era casi imposible, con la lluvia los autos y los camiones quedaban encajados. Era una zona difícil para transitar y ahora esto va a cambiar totalmente”, cuenta Vanesa, nacida y criada en la localidad.
Para ella, la obra también representa nuevas posibilidades para la producción local. “Antes los camiones no entraban a recoger verduras y los chacareros no podían vender. Ahora esto les va a dar esa posibilidad”, señala. Con mejores condiciones de acceso, los productores podrán facilitar el traslado de sus cosechas y ampliar sus oportunidades de comercialización.
Belén vive en San Javier desde hace diez años y define la pavimentación como “un sueño hecho realidad”. En su familia, el camino es parte de la rutina diaria: algunos de sus hijos estudian en Viedma, mientras que su esposo y sus cuñados trabajan vinculados a la producción local. También recuerda las dificultades que enfrentaban los vehículos y las ambulancias para circular. “Es un beneficio para todos”, afirma, convencida de que la obra puede ser el punto de partida para nuevos proyectos en la comunidad.

Marta, por su parte, conoce de cerca las exigencias del trabajo rural y las dificultades de depender de un camino que, cuando llovía, se volvía casi intransitable. Junto a su familia trabaja cada temporada en un galpón donde se procesa cebolla, pero llegar hasta allí implicaba hacer largos rodeos para evitar el acceso. “No se podía salir. Tenía que pegar la vuelta lejos para que pudiéramos entrar al galpón”, recuerda. Con el asfalto, las condiciones cambian también para quienes viven de la actividad agrícola. “Le va a venir bien a todos los chacareros, a todos los que trabajamos en el campo”, asegura.
Las historias de Vanesa, Belén y Marta reflejan el impacto concreto de la pavimentación: recuperar tiempo, trasladarse con mayor seguridad, facilitar el trabajo y dejar atrás dificultades que durante años condicionaron la vida de los habitantes de San Javier.

El compromiso asumido por el Gobernador Alberto Weretilneck se traduce hoy en una mejora concreta para la comunidad. Porque cuando una obra llega donde hacía falta, el cambio se mide en kilómetros pavimentados, pero también en las oportunidades que se abren para las familias, los productores y toda una localidad que ahora puede crecer y proyectar su futuro con mayor previsibilidad.